José María Posse
Abogado/Escritor/Historiador

El viejo Tucumán de la segunda mitad del siglo XIX, contó entre sus más destacados profesores, a un francés educado en la Sorbona e integrante de la principal intelectualidad de su patria. Amadeo Jacques dejó la semilla de la educación superior en nuestra provincia y fue inmortalizado por la pluma de Miguel Cané en su novela Juvenilia.

Primeros años

Nacido en París en 1813 en el seno de una familia distinguida. Su madre era una baronesa de la casa de los Gérard y su padre un reconocido artista. Se educó en el exclusivo Liceo de Borbón y luego en la Escuela Normal Superior. En 1837 se doctoró en letras en la Sorbona, con dos tesis, que dieron mucho que hablar entre los intelectuales de entonces. Con 24 años, ya doctorado daba clases en las principales universidades de Francia y se codeaba con hombres como Víctor Hugo, con el cual estrechó una gran amistad y con el también afamado Alexis de Tocqueville, entre otros que formaban el grupo intelectual más selecto de Europa. Pero su pensamiento ultra liberal republicano, no coincidía con la impronta cultural del entonces reinante Napoleón III. Ello terminó con su carrera profesional, siendo destituido de sus cátedras.

El exilio

Perseguido por sus ideales políticos, se embarcó al Río de la Plata con una recomendación de Alexander von Humboldt. Llegó al Uruguay, instalándose en Montevideo; pero sus intentos en organizar una universidad fracasaron por falta de apoyo estatal, en tiempos convulsionados para el vecino país.

En 1852 pasó a Entre Ríos, convocado por el general Justo José de Urquiza, quien le encargó varios trabajos, entre ellos de agrimensura, en razón de lo cual terminó recalando en Santiago del Estero hacia 1855. Allí ejerció varios oficios, entre ellos de fotógrafo y hasta tuvo una panadería. Allí se casó con una dama de la principal sociedad santiagueña, doña Martina Benjamina Augier, emparentada con la poderosa familia de los Taboada, por entonces gobernantes perpetuos de su provincia. En esos años navegó El Salado y realizó expediciones desierto. Pero desavenencias con sus familiares políticos lo hicieron aceptar el ofrecimiento del gobernador tucumano Marcos Paz, quien le confió la dirección del Colegio San Miguel.

Tucumán

El Dr. Carlos Páez de la Torre (h) describió el paso del francés por Tucumán: “Amadeo Jacques inicia una fecunda labor educativa durante la gobernación de Marcos Paz en Tucumán, al frente del Colegio San Miguel que funcionaba en los antiguos claustros de La Merced y cuyos profesores se habían retirado a Buenos Aires, dejándolo acéfalo. Entre 1858 y 1862 Jacques proyectó dotarlo de un museo, un laboratorio de química, una estación meteorológica y una biblioteca pública. El colegio fue el primer establecimiento de enseñanza superior que tuvo Tucumán y sus planes sirvieron de base para lo que después sería la Universidad de Tucumán”.

Su paso por nuestra provincia fue provechoso para el catedrático galo. Aquí nació su única hija mujer, tenía otros dos hijos nacidos en Santiago del Estero, y fue muy respetado por la sociedad tucumana. Escribió en periódicos de la época donde volcó su pensamiento liberal y republicano, lo que le valió también algunos enemigos políticos. Quizás fue ello lo que lo llevó a aceptar el ofrecimiento del entonces vicepresidente Marcos Paz, quien lo invitó a seguir su carrera en la gran ciudad portuaria.

INTELECTUAL. Amadeo Jacques, francés formado en la Sorbona, impulsó la educación superior en Tucumán durante el siglo XIX.

Buenos Aires

El tucumano Marcos Paz, quien no olvidemos que ejerció la presidencia del país en ausencia de Mitre, durante la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, vio claramente que su amigo Amadeo Jacques podría ser una figura clave en la incipiente educación argentina. Así fue que lo nombró rector del Colegio Nacional de Buenos Aires. Sus textos y programas de estudios se adoptaron y se imitaron sus métodos, sembrando la semilla del sistema educativo futuro. Era muy querido y respetado por la juventud porteña. Ello lo vemos reflejado en la novela Juvenilia de Miguel Cané. Ocurrió que el El 12 de octubre de 1865 fue al teatro y se retiró a su casa después del espectáculo. Al día siguiente su hija lo encontró muerto en su cama.

Cané recuerda

La muerte del querido profesor pronto se hizo eco por todo Buenos Aires. Miguel Cané lo recuerda en su referido libro: “…Los estudiantes del Nacional vagaban por el patio, extrañados de que Jacques, habitualmente puntualísimo, no hubiera llegado todavía. De pronto, se oyó un grito en la portería y Cané reconoció la voz de Eduardo Fidanza, uno de los mejores alumnos. Corrió hacia ese lugar y encontró a Fidanza “pálido, desencajado”, que repetía una y otra vez: “¡M. Jacques ha muerto!”. Hicieron a un lado al portero, que intentaba detenerlos, y corrieron a la casa del rector. Jacques “estaba tendido sobre su cama, rígido y con la soberbia cabeza impregnada de una majestad indecible. La muerte lo había sorprendido al llegar a su casa después de una noche agitada. El rayo de la apoplejía lo derribó vestido, sin darle tiempo para pedir ayuda. Pendía su mano derecha fuera de la cama; uno por uno, por movimiento espontáneo, nos fuimos arrodillando y posando en ella los labios, como un adiós supremo a aquél a quien nunca debíamos olvidar”, narra emocionado Cané. Agrega que “lo llevamos a pulso hasta su tumba y levantamos en ella un modesto monumento, con nuestros pobres recursos de estudiantes. Duerme el sueño eterno al abrigo de los árboles sombríos, no lejos del sitio donde reposan mis muertos queridos. Jamás voy a la tumba de los míos sin pasar por el sepulcro del maestro y saludarlo con el respeto profundo de los grandes cariños…”

Tucumán y el país tienen una deuda de eterna gratitud con el sabio Amadeo Jacques; su legado ha trascendido largamente su tiempo y la intelectualidad tucumana de fines del siglo XIX y principios del XX, lo tuvieron como un referente indiscutido. Afortunadamente una calle de nuestra ciudad aún lo recuerda, aunque ya pocos saben el porqué de tal homenaje.